Vivir el AHORA…pero más rato

Uno de los preceptos recurrentes tanto en la filosofía budista como en los libros de autoayuda es que para alcanzar la felicidad se hace necesario lograr vivir en el presente, sin preocuparse por el pasado o el futuro. Al apreciar el momento, y todo lo que éste conlleva, perdemos apego con los traumas del pasado y los temores por lo que nos depara el futuro.  Nuestra mente simplemente no está acostumbrada a  percibir el momento en su totalidad (lo cual está estrechamente relacionado con la manera en que desarrollamos “inteligencia” como habilidad de supervivencia, pero eso es tema para otra ocasión). Constantemente nos encontramos reviviendo momentos trágicos del pasado y extrapolándolos al presente y al futuro, ante la posibilidad de volver a tropezarse con la misma piedra. Como si esto no fuera suficiente, inventamos escenarios nefastos de una calidad de ficción digna de una teleserie venezolana, que más amargan nuestra existencia.

“¡Para nada! Yo aprendo de mis errores y siempre pienso positivo ante el futuro” puedes responder. ¿Pero qué pasa si tus proyecciones positivas no se vuelven realidad o efectivamente cometes el mismo error que antes? Ese temor está subyacente en nosotros y al mismo tiempo, la desilusión y frustración del momento en que no se cumplen las expectativas también nos produce infelicidad.

Por eso la clave está en vivir cada momento al máximo, reconociéndolo como único y disfrutando los detalles del mismo: el olor del café recién hecho, el color de las flores, el sonido levemente diferente de cada tecla que presionas cuando escribes en tu computador. ¿Y los momentos malos? Esos ya pasan…y vienen otros mejores. Y un momento malo no va a hacer que cambie el color de las flores.

Sin querer profundizar en el tema, porque ya se ha dicho y escrito mucho, mi intención es ir a un tema más práctico: ¿cómo hacerlo?

Desde el punto de vista estrictamente temporal, es extremadamente difícil pasar desde estar preocupado porque te robaban la colación en el colegio y de los achaques que podrías tener cuando viejo, a vivir el “ahora”. Si es como fumar, muchos dicen que hay que dejar de hacerlo de un momento a otro. Si esta opción parece muy difícil, sugiero lo siguiente: hazlo gradualmente. Primero deja de preocuparte por la colación, que ya se la tragaron tus compañeros hace mucho rato, así como de los futuros achaques que vayas a tener (obviamente en el futuro cuando seamos viejos vamos a tener 200 años y con la tecnología no van a haber achaques ni enfermedades, va a haber paz mundial, vamos a movernos en autos voladores y no se te va a echar a perder la impresora justo cuando tienes que entregar ese informe urgente). Luego no te preocupes por lo que pasó hace un par de años y lo que va a pasar en un par de años (especialmente lo último, porque las circunstancias cambian constantemente, haciendo la proyección imposible). Más adelante reduce el espectro a meses, luego a semanas y eventualmente llegaras a días, horas, minutos, segundos…hasta el elusivo “ahora”.

Y finalmente, la clave está en “ocuparse” y no “preocuparse”. Así de simple.

¡Salud!

Todo lo que necesitas

ventana digital

“Denme una habitación con vista al mar, lo básico para subsistir y una conexión a Internet…y soy feliz”

Escuché este comentario al pasar y me llamó la atención. En una época donde el consumismo define nuestras propias identidades y el éxito se mide de acuerdo a la acumulación de riquezas (incluida tu polola/esposa trofeo o “pinturita”), siempre es bueno volver a ese paradigma esencial  de que uno necesita muy poco para ser feliz. Tan sólo basta con saber qué es lo que necesitas exactamente. La respuesta tradicional de cualquier gurú va a estar ligado con tu propia felicidad y plenitud interna, así como con la contemplación de la Creación y no así con lo material. Para nosotros, seres humanos más terrenales que no vivimos como hippies ni nos alimentamos de la energía del Universo, la felicidad también puede estar fundamentada en nuestras familias, amigos, o reconocimiento social. A su vez, no hay que dejar de lado ciertas necesidades básicas de subsistencia, como son alimento, salud y refugio, entre otras.

Sin embargo, aparte de estas necesidades aparece otra sin precedentes….¡Internet! Así es; esta invención que ha revolucionado nuestras vidas de maneras insospechadas (y muchas aún por venir) se ha convertido en una necesidad básica para la existencia de muchos de nosotros. Lo que la persona a cuya cita hago referencia quiere decir es que todo lo que necesita es que sus necesidades de superviviencia estén satisfechas y dos ventanas: una hacia la naturaleza, en contacto con el mundo real, y una hacia el ciberespacio, en contacto con el mundo virtual.

A través de Internet es posible saciar prácticamente todas las necesidades de conocimiento y en buena medida de inserción en el Mundo. Es una herramienta de interacción y sociabilizacion más potente de lo que quisiéramos admitir (en mi caso, ya casi no estoy en contacto con amigos que no tengan Facebook), un requerimiento fundamental para cualquier negocio, un medio de información, un canal de entretención inagotable (incluso de “aquella“) y una verdadera adicción.

Aún hay muchos que se resisten al fenómeno, pero no hay nadie que esté realmente ajeno a éste. Es cierto, no hay que olvidarse de las demás necesidades básicas de nuestra vida el día de hoy, en particular de las que estamos dejando de lado en el mundo real en pos del virtual , pero Internet llegó para quedarse. Si no te gusta, vas perdido.

¡Salud!

Por qué empecé un blog y 5 razones para NO hacerlo

Comenzar un blog

…y finalmente me levanté esta mañana y dije “¡hoy empiezo un blog!”. Siempre he estado poniendo atención a lo que pasa en el ciberespacio y participando de una u otra forma, pero hasta ahora no me había subido al tren de la generación de contenido web de manera sistemática. Desde los orígenes de mi ñoñez durante el colegio, cuando con otros pernos y alternativos nos conectábamos a un BBS abandonado por una compañía telefónica (mientras soñábamos que las “chiquillas” detrás de la pantalla fueran como Claudia Schiffer…o al menos fueran chiquillas), hasta nuestros días de la Web 2.0 ha pasado mucho. También desde esa época de lucha incesante contra el acné hasta hoy, he aprendido mucho de la vida….o al menos eso me gusta creer. Es así como frecuentemente (y en repetidas ocasiones con más de alguna copa encima), me he encontrado filosofando, solo o en compañía, acerca del sentido de la vida, Dios y cómo decidir si quiero aros de cebolla o papas fritas con mi hamburguesa. Y son estas reflexiones las que quisiera compartir, más conmigo mismo que contigo y con el resto de la red.

Por eso que la única más pura razón para empezar un blog es escribir para ti mismo. Al menos a mí me encanta escucharme hablar (o escribir en este caso): me ayuda a ordenar ideas, es terapéutico, me da una tarea con la cual distraerte, es una excelente manera de perder el tiempo y cuando lo lea años después voy a poder burlarme de las pavadas que pensaba antes.

Cualquier otra razón probablemente te lleve a la desilusión y el fracaso de tu proyecto (siendo la peor querer ganar dinero). Por eso mismo, a continuación te doy 5 razones para NO empezar un blog:

  1. ¿De dónde sacaste que el Mundo quiere escuchar lo que tienes que decir? Posiblemente, a no ser que seas un experto en un tema en particular, tu opinión no tiene gran trascendencia e incluso puede estar mal fundamentada y, si es que tienes un punto fuerte que compartir, lo más probable es que alguien ya lo haya hecho antes. De acuerdo a Technorati, hay más de 133.000.000 de Blogs allá afuera, sin contar a los de China. La red no necesita más blogs.
  2. Escribir un blog lleva tiempo. Y toma más tiempo aún que sea popular. No tengo la experiencia directa con esto, pero si he leído y escuchado a muchos quejándose de todo el tiempo que dedican a sus blogs y cómo pocos los leen. En todo caso, es lo mismo que cualquier sitio web, especialmente las comunidades on-line, con las que si tengo experiencia…y he terminado quejándome de lo mismo. Además recuerda que tienes que ser creativo constantemente. ¿Te pones la misma camisa azul y corbata roja todas las semanas? Olvídate del blog.
  3. Spam. ¿Te molesta cuántas veces al día te llega algún correo o mensaje por Messenger, poniendo en duda el tamaño de tu masculinidad y ofreciéndote pastillitas milagrosas? Con un blog automáticamente te suscribes a una inagotable fuente de spam. Yo acabo de abrir este, no tengo ningún comentario, pero ya me ofrecieron un postgrado on-line para el que no tengo que ir a la universidad ni estudiar. ¡Pero qué maravilla!
  4. Vas a estar equivocado. No importa qué tan experto seas en el tema o cuan precisas sean las estadísticas que citas, en algún momento te vas a equivocar. De lo único que puedes estar seguro es de tu propia capacidad humana para errar. Algunas veces vas a interpretar mal las estadísticas, otras simplemente vas a estar desinformado o va a haber divergencia de opinión. Lo ideal es que seas un sinvergüenza al que no le importa equivocarse o estar mal.
  5. No te vas a convertir en un macho alfa (también aplicable a las mujeres). Si quieres chicas, ser popular y manejar ese convertible que viste en el semáforo, no pierdas el tiempo escribiendo y sal afuera. Parrandea, haz deporte y participa de comunidades con gente de carne y hueso. Las personas que conozcas a través de blogs van a ser tan ñoños como tú. Es más, ojalá ni siquiera pienses en temas que podrían ser material para escribir un blog. Ocúpate actuando y no pensando. Pensar está sobrevalorado.

¡Así que apaga tu computador y sal afuera (o, si estás en la oficina, deja de sacarte la vuelta y trabaja para conseguir ese ascenso)!

Espera más consejos acerca de cómo llevar tu vida, de alguien que hace justo lo contrario.

¡Salud!